
Lectura Bíblica Inicial: Mateo 5:13-16
Versículo Clave: «Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza.» (1 Timoteo 4:12)
Nuestra vida es el reflejo de Jesús
Ser hijo de Dios no se demuestra solo yendo a la iglesia, sino viviendo de manera coherente con nuestra fe en todas las áreas de la vida. Las personas a nuestro alrededor (familia, compañeros, vecinos y amigos) nos observan constantemente. Ellos son los primeros testigos de lo que Dios está haciendo en nosotros, y nuestro testimonio puede acercarlos o alejarlos de Cristo.
El verdadero cambio se evidencia en la manera en que amamos, servimos, hablamos, actuamos y tomamos decisiones. Vivir como hijos de Dios significa reflejar Su carácter y mostrar con hechos, no solo con palabras, que Cristo vive en nosotros. No lo hacemos para que nos vean, pero quienes nos ven deben darse cuenta.
¿Qué es un buen testimonio?
Un buen testimonio es la evidencia de lo que Dios está haciendo en nuestro interior. Es predicar lo que dice la Palabra de Dios y mostrar con evidencias el poder transformador de Jesús. Un buen testimonio no habla de lo perfectos que somos, sino de la gracia de Dios que está trabajando en nosotros.
- Coherencia: Entre lo que creemos, decimos, hacemos, pensamos y sentimos.
- Cambios visibles: No podemos esperar que las personas vean lo que Dios está haciendo en nuestro interior si no hay cambios externos que lo demuestren.
La meta es ser como Jesús. Él es nuestro mejor ejemplo y el estándar que debemos seguir. Dios no va a bajar ese estándar, Él quiere que nosotros subamos a ese nivel.
Reflexiona y actúa
- ¿Por qué es importante el buen testimonio de un creyente delante de las personas que le rodean?
- ¿Qué áreas de tu vida necesitas cambiar para que se refleje públicamente lo que Dios está haciendo en tu interior?
- En el área financiera, ¿estás dando un buen testimonio? ¿Estás aplicando los principios de la Palabra en tus finanzas?
Asume el reto de mostrar a Cristo en lo que crees, dices, haces y eres cada día. Tu vida es un testimonio que puede guiar a otros a Dios.
